El bíblico Santiago decía que el hombre de doble ánimo es un inconstante en todos sus caminos. Mi pregunta para este "gran pensador" es la siguiente: quién cresta no trata siempre de anudar esos 2 extremos, la felicidad/dolor, el éxito/fracaso, etc, etc. Nos movemos como barcos ebrios en la tempestad de la vida, apenas nos damos cuenta cuando nos hallamos a salvo en ese término medio equilibrador y la terminamos de cagar por pensar que se puede estar aun mejor. Fáciles que somos, torpes bestias de razón crónica que somos. Condenados estamos a la oscilación emotiva, patológica, somos un columpio indeterminado, frívolo, insulso, que se balancea por el único próposito de inventarse un sentido, una justificación, la mentira. La mentira que somos.
